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La Specialisterne Foundation es una fundación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo crear empleo para un millón de personas con autismo/neurodivergentes a través del emprendimiento social, de la implicación del mundo empresarial y de un cambio global de mentalidad.

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¿Por qué a veces crees que tu empleado autista no tiene iniciativa?

Ene 19, 2024

 

Texto de Jaime A. Heidel

Specialisterne USA

 

¿Tienes frases en tus descripciones de puestos de trabajo del estilo de “la persona debe tener iniciativa”? ¿Esperas que todos tus empleados simplemente ‘sepan’ qué tienen que hacer sin apenas instrucciones? Si es así, podrías estar excluyendo inconscientemente a candidatos autistas.

 

La definición de una persona proactiva es la de alguien que absorbe información de su entorno, tanto de sus compañeros de trabajo como de otras pistas contextuales, y luego es capaz de trabajar sin necesidad de que nadie le diga explícitamente qué tiene que hacer.

 

Esta regla puede funcionar bien para un grupo selecto de personas neurotípicas que piensan “de arriba abajo”, pero, cuando tienes esa misma expectativa para todos los empleados (o, aún más problemático, cuando piensas que los trabajadores son “vagos” o están “desmotivados” si no se ajustan a ese estándar limitado), estás perjudicando a tus empleados autistas y, como resultado, a tu empresa.

 

El cerebro de cada persona, incluso entre las personas neurotípicas, funciona un poco diferente, y la experiencia vital de cada uno, incluyendo su pasado profesional, su educación y su contexto socioeconómico, determinarán su forma de abordar un trabajo.

 

Cuando esperas que las personas se ajusten a un estándar profesional compuesto principalmente por jergas y convenciones, se pierde al ser humano real, complejo y lleno de matices que podría aportar beneficios a tu empresa, incluso si aborda su trabajo de una manera que nunca habías considerado antes.

 

Las personas autistas trabajan mejor con instrucciones explícitas

 

Craig

 

Si un día entras a la oficina y ves a tu empleado, llamémosle Craig, archivando unos papeles antiguos de hace semanas, mientras su compañero está preocupado por un proyecto que tiene que entregar en unas pocas horas, podrías pensar que Craig es un vago porque ni siquiera se ha ofrecido a ayudarle. Parece que él está simplemente “escurriendo el bulto”, ¿verdad? ¿Crees que está intentando salirse con la suya?

 

No, en absoluto. Si Craig es autista y ni su compañero ni tú, su supervisor, le habéis pedido ayuda de forma explícita, probablemente no captará las señales no verbales que hacen que esas necesidades sean tan “obvias” para ti como persona neurotípica.

 

En lugar de ser juzgado y etiquetado como “vago”, Craig necesita instrucciones para ayudar con el proyecto y que se le diga explícitamente lo que se espera de él. Al igual que alguien que necesita gafas para ver o audífonos para oír, Craig necesita una adaptación, y ese ajuste consiste en recibir siempre instrucciones claras y explícitas.

 

Wanda

 

Supongamos que eres el supervisor de una empleada llamada Wanda. Ha sido contratada como azafata, y su trabajo consiste en saludar a los clientes, atender las llamadas telefónicas y mantener conversaciones agradables mientras los clientes esperan para ser atendidos. Aunque parece que Wanda está haciendo un buen trabajo, percibes que, a diferencia de otras azafatas que has tenido en el pasado, Wanda no realiza ninguna tarea de limpieza durante su tiempo libre entre clientes.

 

No limpia el polvo, no ordena, no guarda cosas… nada. De hecho, cuando no está hablando directamente con un cliente, ya sea por teléfono o en persona, parece un poco ‘desconectada’: sus ojos se ponen vidriosos, su mandíbula se relaja y su cuerpo adopta un ángulo inusual. Sin embargo, cuando llega el siguiente cliente, Wanda vuelve a activarse y es muy agradable con todo el mundo.

 

No solo te molesta su falta de iniciativa, sino que te desconcierta su postura y su mirada perdida cuando cree que nadie la está observando. En pocas semanas, Wanda ya tiene fama de ser ‘la rara’, de no encajar bien en la ‘cultura de la empresa’ y de estar ‘desmotivada’. Finalmente pierde su trabajo, el quinto que pierde en un año, y está tan lejos de entender qué ha pasado ahora como cuando le sucedió las primeras cuatro veces.

 

La cuestión importante aquí es que Wanda es autista, y, aunque la persona que la formó realizó delante de ella todas las tareas secundarias que se esperan de una azafata, nunca le dijo explícitamente a Wanda que sus superiores esperaban que ella también las hiciera. Por lo tanto, Wanda, al ser una pensadora literal y “de abajo arriba” que necesita muchos detalles e instrucciones claras y concisas, permaneció ajena a estas expectativas ocultas.

 

Hablemos del hecho de que Wanda parezca ‘desconectada’ en las pausas entre clientes; al ser autista, el masking o enmascaramiento de forma regular (ocultar conscientemente sus rasgos autistas) y la socialización son agotadores para ella, por lo que su cerebro se protege haciendo ‘descansos sensoriales’.

 

Entre cliente y cliente, ella no tiene ningún motivo para modificar su expresión facial de una manera que parezca agradable a la vista neurotípica, ni de permanecer consciente a su tono y a sus gestos. Durante estas pausas sensoriales, puede quitarse la máscara y ser completamente ella misma, lo que le ayuda a sobrellevar el día.

 

Wanda necesita instrucciones explícitas y tiempo y espacio para ‘desenmascararse’ con el objetivo de realizar su trabajo con éxito.

 

Es posible que te preguntes, “¿Por qué Wanda aceptaría un trabajo tan de cara al público como el de azafata si es autista y la interacción social la agota?”. Es una pregunta razonable a simple vista, pero ese pensamiento también puede ser problemático porque procede de un lugar de privilegio laboral.

 

Puede que Wanda no sepa que es autista, y, si lo sabe, ser azafata quizá es el único tipo de trabajo que puede conseguir debido a horarios, experiencia laboral previa, pérdidas de empleo anteriores, su capacidad para acceder a una educación que comprenda y se adapte a su neurodivergencia, la economía local, etc.

 

El privilegio laboral ocurre cuando alguien puede conseguir y mantener fácilmente un trabajo en múltiples áreas, así como ascender en ese empleo.

 

Las personas autistas suelen estar desempleadas o subempleadas, lo que significa que, a menudo, tenemos que aceptar (y mantener) cualquier tipo de trabajo disponible que tolere nuestras ‘rarezas’.

 

La accesibilidad beneficia a todos

 

Ser explícito y directo en las descripciones de los puestos de trabajo y en las expectativas no solo beneficia a los empleados autistas, sino también a tu empresa en su conjunto, y ofrece una sensación de seguridad psicológica y estabilidad laboral que hace que los empleados se sientan valorados y apreciados como personas. Y cuando tus empleados se sienten valorados y apreciados, la lealtad, la moral y la productividad alcanzan su punto más alto,  y, como resultado, el rendimiento mejora de forma natural.

 

La conclusión

 

Cuando evitas las insinuaciones sutiles y la jerga y otras convenciones, y les dices a tus empleados exactamente lo que necesitas y lo que se espera de ellos en el trabajo, desaparecen las conjeturas; ya no es necesario pasar horas rehaciendo proyectos, y no hay nadie a quien culpar y marginar por los malentendidos.

 

El trabajo simplemente fluye. ¿Y qué empresa no querría beneficiarse de eso?