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Specialisterne Foundation

La Specialisterne Foundation es una fundación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo crear empleo para un millón de personas con autismo/neurodivergentes a través del emprendimiento social, de la implicación del mundo empresarial y de un cambio global de mentalidad.

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“No te hagas ilusiones, no he venido por ti”

Feb 2, 2024

A Rosa no le gustan los cumpleaños. Está siempre sola en el patio de la escuela, pero el apego a la rutina de las clases y de las actividades extraescolares difumina un poco ese sentimiento de soledad no elegida. Sin embargo, los “días especiales”, como el de su decimoquinto aniversario, perturban su vida cotidiana y le recuerdan que no tiene a nadie con quien compartirlos.

 

No quería celebrar su cumpleaños, pero su madre ha insistido mucho: “¡De pequeña te encantaba soplar las velas!”. Sí, le encantaba cuando sus únicas amigas Cynthia y Berta aún estaban en el colegio, comían pastel juntas y jugaban a papás y a mamás (Rosa siempre hacía de papá porque aseguraban que “parecía un chico”), e incluso con ellas a veces era complicado, porque le decían que dedicaba demasiado tiempo a preparar la escena y a caracterizar a los personajes, y después ya no podían jugar porque se hacía de noche y sus padres venían a recogerlas.

 

Más adelante, Cynthia y Berta se fueron a estudiar al Liceo francés y todo se complicó. Las niñas de la escuela crecieron, y Rosa se quedó congelada en el tiempo. Las niñas-adolescentes se maquillaban, hacían los tests de las revistas para saber con qué famoso tendrían una cita, comparaban los modelitos que se pondrían en su próximo concierto. Rosa, por el contrario, seguía vistiendo sus tejanos deshilachados heredados de su hermano mayor, leía cómics de Ranma y de Naruto y jugaba al Pokémon Plata cuando sentía que no le interesaban las conversaciones.

 

Poco a poco, sus compañeras la dejaron de lado. Cuando sonaba la alarma que iniciaba la hora del recreo, iban corriendo hasta el baño y se metían en un cubículo minúsculo. Dejaban la puerta abierta unos segundos, y, cuando veían a Rosa, la cerraban con fuerza para darle a entender que ella no estaba invitada. Rosa escuchaba sus risitas desde el interior, sus comentarios despectivos, menciones a su nombre seguidas de “es insoportable” o “no la aguanto más”. Una vez incluso le dejaron un petardo (apagado, por suerte) en el buzón de su casa, porque sabían que odiaba el ruido de los fuegos artificiales y querían reírse de ella.

 

Ahora, en su decimoquinto cumpleaños, el pastel se enfría y Rosa finge que se ha olvidado de comprar las velas. Su familia ha preparado una fiesta temática de manga en el salón, porque pensaban que a Rosa le haría ilusión. Sin embargo, ella está sentada con la mirada fija en la puerta, absorta en sus pensamientos, deseando quizá que aparezcan Cynthia o Berta, aunque ya hace años que perdieron el contacto. Horas más tarde llega la primera invitada, Carolina, y Rosa sonríe un poco por primera vez. Pero entonces Carolina le dice: “No te hagas ilusiones, no he venido por ti. Tu madre le ha suplicado a mi madre que nos pasáramos un rato por tu casa para que tu fiesta no fuera tan triste”.

 

***

 

Años más tarde, Rosa y su familia recuerdan con dolor esos años de bullying. Pero también fueron un punto de inflexión en su vida. Más adelante, Rosa consiguió el diagnóstico de autismo, y su calidad de vida mejoró sustancialmente. Su familia la comprendió mejor, asistió a terapia, recibió adaptaciones en la universidad. Actualmente está trabajando en un proyecto de Specialisterne en Costa Rica como administrativa, y se siente “muy feliz” porque no tiene que forzarse a ser alguien que no es. Por fin ha podido dejar atrás esos años en la escuela, los peores que recuerda, y ha empezado a tomar decisiones para construir su vida a su medida. Sus amigos la quieren y la respetan. Y su familia está muy orgullosa de ella.