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4 razones por las que tu empleado autista puede tener dificultades para hablar temporalmente

Jun 21, 2024

Por Jaime A. Heidel

The Articulate Autistic

 

¿Alguna vez has tenido un empleado autista que es muy elocuente al hablar pero que, en determinadas situaciones, apenas puede formular una frase? Esto se conoce como mutismo situacional y es común en muchas personas autistas hablantes.

 

Por desgracia, el silencio repentino, el tartamudeo y la dificultad para encontrar palabras a menudo se consideran “sospechosos”, como si la persona mintiera, se sintiera culpable o intentara ocultar algo.

 

Además, no recibir una respuesta rápida a una pregunta puede confundirse con una falta de respeto intencionada o con desobediencia, lo que puede provocar que el empleado autista se vea envuelto en un malentendido del que no pueda defenderse verbalmente, agravando la tensión de la situación.

 

Qué se siente con mutismo situacional

 

En mi experiencia, el mutismo situacional es como una desconexión repentina entre mi cerebro y mi boca. Las palabras están en mi cabeza y es como si gritaran para salir, pero no puedo hacer que los músculos de la garganta y la boca las expulsen verbalmente, por mucho que lo intente.

 

Cuando esto ocurre, todo mi cuerpo se tensa, mi respiración se acelera y mis ojos se abren de par en par. Puedo abrir y cerrar la boca como un pez fuera del agua, pero sigo sin poder emitir ninguna palabra, solo unos pocos sonidos.

 

Además, las exigencias, las indicaciones, las preguntas repetidas y las acusaciones empeoran cien veces mi incapacidad temporal para hablar. Saber que mi mutismo situacional está siendo malinterpretado y juzgado en el acto solo aumenta mi ansiedad.

 

Desencadenantes habituales del mutismo situacional

  1. No estar preparada para hablar

 

Supongamos que estoy en la oficina y llevo varias horas trabajando sola. Estoy muy concentrada y mi cuerpo y mi mente se han acostumbrado a la suave sensación del flujo ininterrumpido. De repente, se acerca un compañero de trabajo y empieza a preguntarme por mi fin de semana.

 

Mi cerebro autista y mi sistema nervioso reaccionan automáticamente como si hubiera saltado la alarma de incendios. No estaba preparada para hablar, y ahora debo hacerlo, y debo hacerlo rápidamente y con el tono vocal y la expresión facial esperados, o se va a crear una situación incómoda.

 

Mientras que las personas neurotípicas (no autistas) tienen cerebros que se ajustan automáticamente a los cambios en su entorno de forma rápida y fluida, el cerebro autista a menudo no lo hace. Tenemos que procesarlo todo manualmente. El cambio, el ruido, la demanda social, la pregunta misma, formular una respuesta, etc., son tareas separadas que requieren un esfuerzo consciente y concentración.

 

Si no estoy preparada para hablar, puede que me quede un poco “rezagada” mientras proceso todo, y, si mi compañero de trabajo no está familiarizado con el funcionamiento de mi cerebro, puede interpretar que mi silencio, mi tartamudeo o mi expresión facial inexpresiva tienen significados sociales ocultos que no son intencionados.

 

  1. Interrupciones durante una tarea

 

Cuando estoy en un estado de flujo hiperconcentrado, es como si hubiera hilos de pensamiento saliendo en todas direcciones por encima de mi cabeza, y esos hilos estuvieran unidos a burbujas de pensamiento que contienen (y hacen malabares con) toda la información que necesito para continuar con mi tarea.

 

Si mi manager anuncia una reunión urgente, es como si hubiera venido con unas tijeras y hubiera cortado esos hilos de pensamiento, dejando que vuelvan a su sitio de forma dolorosa, como si fueran gomas elásticas.

 

Esto puede hacer que sea incapaz de hablar temporalmente mientras mi cerebro lucha por ponerse al día con la interrupción y el cambio repentinos. Si mi manager intenta hablarme de camino a la sala de reuniones, es posible que mi cara permanezca inexpresiva y que no responda verbalmente (o que ni siquiera asimile que me están hablando).

 

Para alguien que no esté familiarizado con el funcionamiento del cerebro autista, esto también puede confundirse con mala educación o desobediencia.

 

  1. Confusión por reacciones emocionales

 

Otra razón por la que los empleados autistas pueden experimentar mutismo situacional es cuando se sienten confundidos por reacciones emocionales repentinas. Por ejemplo, si dicen o hacen algo que su compañero de trabajo neurotípico considera ofensivo, y este responde con una respuesta hiriente o desmesurada.

 

El empleado autista, que tenía una intención inocente o neutral, no puede relacionar su comportamiento con la respuesta que está recibiendo, ya que parece “salir de la nada”. El cambio repentino de humor, unido a la dificultad para averiguar qué ha ido mal, puede dificultar el habla.

 

Además de la confusión, la repentina reacción emocional de su compañero de trabajo puede desencadenar una respuesta de lucha o huida en el empleado autista, lo que dificulta aún más su capacidad para hablar.

 

  1. Burnout o agotamiento

 

El cerebro autista produce un 42% más de información en reposo que el cerebro no autista, lo que puede provocar un agotamiento más rápido y frecuente en las personas neurodivergentes (Pérez Velázquez y Galán, 2023). Un signo común de burnout inminente para muchas personas autistas es la disminución o reducción de la capacidad para hablar. En otras palabras, su capacidad para hablar puede variar significativamente de un día a otro o incluso de una hora para otra.

 

Adaptarnos al mutismo situacional

 

El primer paso para adaptarnos al hecho de que un empleado autista experimente mutismo situacional es comprender que no es algo que esté haciendo a propósito o algo que pueda controlar. Tener menos capacidad para hablar es algo que les sucede a las personas autistas, no algo que las personas autistas elijan hacer.

 

El segundo paso es evitar tomarse el mutismo situacional como algo personal o atribuir a quien lo experimenta una intencionalidad oculta. De nuevo, no es un acto intencionado y no tiene unos motivos oscuros detrás.

 

El tercer paso consiste en dar prioridad a las necesidades sensoriales del empleado autista. Por ejemplo, permítele llevar auriculares, trabajar sin interrupciones en una habitación vacía, usar objetos sensoriales (fidget spinners, pelotas antiestrés, etc.), hacer una pausa más larga para comer y/o trabajar desde casa algunos días a la semana.

 

Además, permítele comunicarse por correo electrónico o mensajes de texto cuando no pueda hablar, sin juzgar, hacer preguntas o quitar méritos.

 

Recuerda que hacer adaptaciones para tus empleados autistas no solo los beneficia a ellos, sino que también les proporciona una sensación de seguridad psicológica que refuerza a la empresa en general.